La química entre protagonistas es una de las cosas más difíciles de escribir en romance. Y también una de las más malentendidas. Mucha gente cree que la química aparece cuando dos personajes se desean físicamente. Pero el deseo, por sí solo, no sostiene una historia.
¿Qué es realmente la química?
La química nace cuando dos personas provocan algo la una en la otra. Cuando al compartir escena, el lector siente tensión, curiosidad o necesidad de seguir leyendo.
No es solo atracción física. Es anticipación.
Lo que busco como autora
Como autora de romance erótico LGBT (M/M), una de las preguntas que más me hacéis es cómo logro que una pareja se sienta real. Que el lector sienta, viva y se emocione con el amor que hay entre, por ejemplo, Marcos y Hugo o entre Pablo y Raúl. Mi respuesta siempre ha sido la misma: sin duda por la química que hay entre ellos.
Aunque la respuesta no debería limitarse al sexo. Al menos para mí, lo más importante es la conexión emocional y la tensión que existe incluso cuando no se tocan. Basta con una mirada que dura demasiado. Una conversación en la que ambos dicen lo que realmente quieren decir, en la que no existan los malos entendidos. Un roce accidental que cambia el ambiente. Y lo más importante: los protagonistas tienen caracteres diferentes, pero al mismo tiempo se complementan de tal manera que no sabes dónde empieza uno y dónde acaba el otro.
¿Os habéis preguntado qué habría pasado si Marcos fuera la pareja de Pablo? Probablemente habrían tenido escenas sexuales intensas. Quizá incluso una relación apasionada. Pero no química. Y ahí está la diferencia. Porque sin química desaparece la anticipación. Desaparecen los nervios por la siguiente escena juntos. El lector deja de necesitar saber qué ocurrirá entre ellos. Y cuando eso sucede, la historia pierde una de las cosas más importantes que puede tener una novela romántica: la emoción.
Me viene a la memoria la primera vez que vimos a Raúl. Fue en un restaurante, donde todos le esperaban para cenar. Al entrar, con esos andares tan suyos y esa fingida despreocupación, se acercó a la mesa, pero nuestros ojos ya están puestos en Pablo, en su reacción, y es absurdo porque la historia era de Marcos y Hugo. Acabábamos de conocerlos a todos y solo bastó la mirada de Pablo para que quisiéramos saber de ellos dos. En esa primera escena de «Enséñame» sentimos la química que desprendían, no hizo falta más que una sonrisa canalla y una mirada tímida para que nos enamoráramos de Pablo y de Raúl.
Con este ejemplo os muestro la forma en la que tengo de vivir el amor y el sexo de mis personajes, Aunque, más a menudo de lo que parece, son ellos los que me indican qué camino quieren seguir, pero, eso sí, con química.
Me encantaría saber vuestra opinión. ¿Qué buscáis cuando elegís una novela? ¿Cuándo acabais el libro ha cumplido vuestras espectativas?

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