1. Erotismo, culpa y lenguaje
Escribo para entender por qué el deseo todavía duele.
Hay palabras que rozan como dedos. Otras hieren. Desde niños nos enseñaron a nombrar el cuerpo con vergüenza, a domesticar el impulso con silencios. Pero el lenguaje —cuando se libera— se vuelve una forma de tocar.
El erotismo no nace en la piel, sino en la palabra. En esa frase que se escapa sin permiso y que, sin embargo, dice lo que no deberíamos decir. Yo escribo hombres que se desean porque en ese gesto hay verdad: el amor masculino no necesita explicarse, pero sí necesita ser contado.
La culpa aparece cuando el lenguaje tropieza con la educación. Cuando un personaje siente placer y la narración duda. Pero yo no quiero narrar la duda: quiero narrar la entrega. La entrega como forma de resistencia frente a todo lo que nos enseñó a temer el deseo.
El lenguaje me da lo que el cuerpo no puede sostener: permanencia. Y, sin embargo, sé que cada palabra que toco con deseo es una forma de exponerme. La escritura erótica no es un juego de provocación; es una confesión sin penitencia.
Preguntas al lector:
- ¿Cuándo una palabra te resultó más erótica que una caricia?
- ¿Qué parte del deseo te cuesta nombrar?
- ¿Qué culpa heredaste sin darte cuenta?
2. Qué pasa cuando te leen mal
No hay peor herida para un escritor que el malentendido.
A veces me leen como si todo lo que escribo fuera autobiográfico. Como si los hombres que amo en mis novelas fueran los hombres que he amado fuera de ellas. Me leen como quien busca pistas, no como quien busca verdad.
Pero escribir erotismo no es exhibirse: es exponer lo humano. Si me leen mal, quizá sea porque aún se cree que el deseo entre hombres es un tema que debe explicarse. Que necesita contexto, advertencias, disculpas.
La lectura es también un acto de poder: quién interpreta, quién traduce, quién decide qué “quiso decir” el autor. Me leen mal cuando no soportan la ternura entre dos cuerpos masculinos, cuando esperan violencia o tragedia, y encuentran afecto.
Escribir es una forma de resistencia, pero ser leído también lo es. A veces pienso que mis lectores verdaderos son los que no buscan entenderme, sino sentir conmigo. Porque en el fondo, eso es todo: una búsqueda de compañía a través de las palabras.
Preguntas al lector:
- ¿Te ha pasado leer algo y sentir que el autor te hablaba a ti, no al público?
- ¿Por qué crees que la ternura entre hombres aún incomoda a muchos?
- ¿Qué pasa cuando una lectura se convierte en un juicio?
3. La ternura como forma de resistencia
El cuerpo es un lugar de batalla, pero también puede ser un refugio.
Me interesa la ternura porque no tiene defensa. Porque desarma. En un mundo que confunde masculinidad con dureza, la ternura es subversiva. Dos hombres que se acarician sin miedo están desafiando siglos de mandato.
La ternura, en mis novelas, no es un descanso: es un arma. No necesita héroes, ni finales felices, ni declaraciones. Solo necesita verdad. Es el momento en que uno se atreve a mirar al otro sin pretensión, sin armadura. Y ese gesto —mínimo, cotidiano— cambia todo.
“La ternura es el erotismo sin espectáculo.”
Me gusta pensar que la ternura es el deseo cuando ya ha aprendido a respirar. Que no necesita gritar para ser oída. Es el lugar donde el cuerpo deja de ser una herida y se convierte en palabra.
Escribo hombres que aprenden a tocarse con respeto, porque la ternura entre ellos no es solo emocional: es política. Resistir sin violencia, amar sin miedo, mostrarse sin ironía. Eso, en este tiempo, sigue siendo radical.
Preguntas al lector:
- ¿Cuándo sentiste ternura sin sentir debilidad?
- ¿Por qué la suavidad asusta tanto en los hombres?
- ¿Puede la ternura ser un acto político?
1. ENTRADA: EL TABÚ DEL DESEO: ESCRIBIR LO QUE OTROS PREFIEREN NO LEER
“No hay tema más vigilado que el placer.
Y, sin embargo, nada nos define más que la forma en que lo buscamos.”Cuando escribo erotismo, no busco provocar; busco entender.
Entender por qué el cuerpo se convierte en territorio prohibido.
Por qué el deseo, cuando se escribe sin pudor, deja de ser literario y pasa a ser “sucio”.Hay quien dice que la literatura erótica es un género menor.
Yo digo que es el único que no miente.
No hay artificio en el temblor, ni metáfora que oculte el jadeo.
El problema no es lo que escribimos, sino lo que los demás no se atreven a mirar.El erotismo no es pornografía.
Es el lenguaje del alma a través del cuerpo.
Y quizá por eso incomoda tanto: porque obliga a reconocer lo que fingimos haber superado.Preguntas para pensar
- ¿Por qué crees que el deseo todavía incomoda en la literatura?
- ¿Has sentido vergüenza de leer —o disfrutar— una escena erótica?
- ¿Qué diferencia hay para ti entre erotismo y provocación?
💬 Responde en los comentarios o escríbeme desde lo que sientas, no desde lo que sepas.
2. ENTRADA: LA DOBLE MORAL DE LOS LECTORES
“A veces, quienes más aplauden la libertad, son los primeros en censurarla.”
El mismo lector que celebra un crimen en una novela negra,
se escandaliza ante dos cuerpos que se aman.
Y no porque sea erótico, sino porque le resulta demasiado humano.La doble moral no está en la cama, está en el juicio.
He visto críticos que elogian la “osadía narrativa” de autores que matan o torturan,
y al mismo tiempo desprecian la ternura entre dos hombres desnudos.
Esa hipocresía disfrazada de buen gusto es la verdadera obscenidad.No se trata de escandalizar.
Se trata de escribir la verdad del cuerpo sin pedir permiso.
Y eso, en un mundo que sigue usando el placer como castigo, sigue siendo un acto político.Preguntas para pensar
- ¿Qué crees que molesta realmente del erotismo: el cuerpo o la sinceridad?
- ¿Por qué el amor entre hombres se sigue leyendo como “transgresión”?
- ¿Qué sería de la literatura si nadie temiera mostrarse vulnerable?
💬 Déjame tu pensamiento, no tu opinión.
3. ENTRADA: ESCRIBIR EROTISMO NO TE HACE MENOS ESCRITORA
“Nadie cuestiona a quien escribe sobre la guerra, aunque nunca haya disparado un arma.
Pero si escribes sobre deseo, el juicio es inmediato.”Como si el erotismo solo pudiera ser autobiográfico, y no literario.
Como si escribir sobre cuerpos fuera un acto de exhibición y no de búsqueda.Lo cierto es que escribir erotismo exige lo mismo que cualquier otra forma de literatura:
escuchar el silencio entre las palabras, elegir el ritmo, cuidar la respiración del texto.
Solo que aquí el riesgo es mayor, porque no se puede fingir.
Si el cuerpo en la página no respira, el lector lo nota.No somos autores “de género”.
Somos autores que escribimos desde el cuerpo, desde la herida, desde lo real.
Y eso incómoda porque no hay artificio que nos proteja.Preguntas para pensar
- ¿Por qué crees que la literatura erótica tiene menos reconocimiento?
- ¿Qué autor o autora te hizo reconciliarte con el deseo?
- ¿Qué hay de literario en el silencio entre dos cuerpos?
💬 Comparte tu respuesta: aquí no se juzga el deseo, se le da voz.
4 ENTRADA: LITERATURA Y HOMOSEXUALIDAD. EL AMOR QUE NO SE NOMBRA
“Durante años, la literatura trató la homosexualidad como tragedia, enfermedad o secreto.
Los personajes morían, se escondían o pedían perdón.
Y, sin embargo, existían.”Escribir amor entre hombres no es una moda ni una etiqueta: es una reparación. Es devolver al deseo su derecho a ser contado sin culpa.
Escribir sobre dos hombres que se aman, que se tocan, que se reconocen, es una forma de justicia.Pero incluso hoy, en pleno siglo XXI, la literatura queer sigue recibiendo el adjetivo “de nicho”.
Como si el amor necesitara una categoría.
Como si hablar de cuerpos que se eligen fuera un tema para minorías.El amor entre hombres ha existido desde que existe el lenguaje.
La diferencia es que ahora lo escribimos desde la voz que antes callaba.
Y esa es la verdadera revolución literaria:
no pedir permiso para existir en la página.Preguntas para pensar
- ¿Cuándo fue la primera vez que te sentiste reflejada en una historia de amor entre hombres?
- ¿Crees que la literatura queer necesita seguir justificándose?
- ¿Qué significa para ti la palabra visibilidad en el arte?
💬 Responde con honestidad. Aquí la literatura no pregunta para convencer, sino para comprender.

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